El poderoso telescopio espacial James Webb tiene menos almacenamiento que tu ordenador

Hablemos de tecnología espacial, algo que resulta bastante curioso cuando escuchamos afirmaciones populares como que “la nave del Apollo 11 no tenía una tecnología más avanzada que una calculadora”.

Pero, ¿qué significa realmente esto? Solo basta con ver películas de aquel evento histórico para darnos cuenta de la magnitud a lo que se enfrentaba la NASA en aquel entonces, donde apenas se estrenaban los primeros ordenadores que funcionaban con tarjetas perforadas.

Mientras los expertos de la agencia espacial se adaptaban a esta nueva tecnología, aún tenían a profesionales en matemáticas avanzadas haciendo cálculos para llevar a un humano a la Luna con un lápiz y una calculadora.

Quienes ya sabían algo de computación, estrenaron ordenadores con microchips, un elemento que ya encontramos hasta en el microondas que tenemos en casa, pero en aquella época era la novedad.

Dichos enormes ordenadores que podían superar la estatura de un refrigerador, tenían una memoria RAM de 4 Kb. Si lo comparáramos con un teléfono celular monocromático con funciones básicas, este los supera con alrededor de 256 MB.

Ni se diga un teléfono inteligente de gama baja, de esas que ya les cuesta abrir una aplicación y se toma su tiempo, estos apenas tienen 1 o 2 Gb de memoria RAM.

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Incluso los primeros ordenadores horizontales que llegaron a los hogares con la llegada del nuevo milenio las superaba con creces.

Lo demás es historia, hasta que llegó el telescopio espacial Hubble

A partir de entonces, la tecnología solo dio pasos enormes que prácticamente nos transportaron en un parpadeo a una nueva era tecnológica que avanzaba cada año.

Hasta ese momento, solo teníamos imágenes del espacio desde la tierra gracias a los telescopios ubicados en los centros de astrofísica, así como algunas imágenes realizadas por astronautas cuando llegaban a órbita.

No fue hasta 1990 que nos enteramos que la NASA se hizo de un telescopio espacial muy poderoso, capaz de florar en el espacio para tomar imágenes impresionantes del universo jamás visto.

Su nombre, Hubble Space Telescope (HST), ha sido el que trajo las primeras vistas de nebulosas, nubes de gas, galaxias y mucho más, orbitando a 593 kilómetros sobre el nivel del mar.

Este telescopio nombrado así por el famoso astrónomo Edwin Hubble, finalmente logró su posición en la órbita terrestre el 24 de abril de 1990, cargado con instrumentos y herramientas tecnológicos de la época.

Una de sus fotografías más celebres ha sido el de la galaxia Trianulum, que mostraba a detalle una hermosa nube de gas azul, estrellas a su alrededor y otros elementos con un detalle jamás visto.

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Dicha fotografía es tan inmensa que para poder descargarlo de internet deberás tener 2 GB de almacenamiento disponibles, ya que es una recopilación de 54 fotografía con una resolución de 32.073 x 41.147 píxeles.

Eso sí, no requería de mucho almacenamiento, pues gracias a su sistema de comunicación con Tierra, era capaz de enviar hasta 210 GB de datos por semana, donde no solo envíaba imágenes de alta resolución, también los capturados por sus sensores referente a la densidad atmosférica y composición de atmósferas, como la de Júpiter.

Y qué mejor oportunidad para poder observar al planeta más lejano de nuestro sistema, Plutón, al que no solamente nos mandó emocionantes imágenes algo borrosas, sino que también pudo descubrirle lunas que no conocíamos.

Luego, en 1998 se lanzaría una misión especialmente reservada para probar nuevas tecnologías del telescopio, aunque terminaron descubriendo que ya necesitaba un buen servicio de mantenimiento, donde reemplazaron todos sus giroscopios que ayudaban a apuntar con precisión cuerpos celestes.

Con el nuevo milenio y los avances tecnológicos sin precedentes, llegó el momento de poner al telescopio a la vanguardia, y en 2002 se lanza una misión para instalarle una cámara avanzada para sondeos (ACS), así como un nuevo sistema de enfriamiento y mejores paneles solares.

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Para 2008, hacen un nuevo upgrade que garantizaba potenciar el rendimiento del telescopio con una cámara de campo amplio 3 y un espectrógrafo de Orígenes Cósmicos que ayudaron a observar siete galaxias primitivas que se formaron hace 31.000 millones de años, y luego rompió un récord al encontrar un objeto de 470 millones de años luego del evento del Big Bang.

La llegada del nuevo telescopio Webb vino a cambiar el panorama y tampoco requería de mucho almacenamiento para lograrlo

El antiguo telescopio Hubble ya empezaba a requerir múltiples misiones de mantenimiento, muchas de las cuales se cancelaban por cuestiones de seguridad del despegue, además, su estructura ya no se adaptaba a las nuevas herramientas científicas que surgieron.

Fue así cuando llegó el momento de jubilar con bombo y platillo al gran Hubble y abrirle paso a una nueva generación de telescopios espaciales: James Webb.

Cuando el nuevo telescopio entregó las primeras imágenes y las comparamos con las de Hubble, el panorama era completamente distinto, dándonos cuenta de todas las millones de otras galaxias que no alcanzábamos a ver y ahora sí.

Simplemente, la idea de un espacio oscuro lleno de puntillos brillantes como las de las películas de ciencia ficción se quedaron atrás, pues el universo está lleno de tantas galaxias brillantes que difícilmente podríamos percibirlo como un lugar totalmente oscuro.

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A pesar de haber invertido aproximadamente 10 mil millones de dólares, para almacenar todo lo que capturaba apenas y necesitaba una SSD, donde al igual que su antecesor, no solo lo utilizaba para almacenar imágenes, también millones de distintos datos de sus sensores.

La pequeña unidad de almacenamiento llamada Solid State Recorder, apenas y tiene 68 GB de almacenamiento, un poco más que un teléfono actual de gama media-baja.

Esto resulta una sorpresa especialmente cuando ahora todo se mide en Terabytes, pero debemos tomar en cuenta un factor muy importante, este SSD no estará adentro de un ordenador en una habitación, sino expuesto a las inclemencias del universo.

¿Qué significa? Temperaturas altísimas de cientos de grados, así como extremadamente bajas, y sobre todo, la radiación espacial que es tan potente que los astronautas no pueden vivir mucho tiempo en el espacio sin ponerse en peligro.

Es así como el SSD de Webb debe cumplir con muchos requisitos que lo ponen a prueba, en cuanto a resistencia, eficiencia y velocidad, y esto por decir poco.

Como mencionamos antes, la radiación cósmica no es nada para tomarse a la ligera, pues el espacio abierto un disco de almacenamiento común podría quedar completamente inservible en poco tiempo, de hecho, todo tu ordenador o teléfono estarían fritos en un parpadeo.

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No es necesario tener demasiada memoria pues la comunicación con Tierra en constante para descargar los datos

Es así como el equipo de la NASA dieron con la cifra ideal que les permitiera explorar el universo a sus anchas pero manteniendo el equipo en óptimas condiciones: 68 GB.

Esto luego de calcular que Webb produciría un promedio de 57 GB en datos que podrían ser descargados cuando se requiriera, sin duda un gran contraste si comparamos los 2 GB de su antecesor.

Aún con una capacidad tan baja, la degradación del dispositivo apenas y estaba asegurada para 10 años, después de esta fecha, el continuo uso podría degradarlo a 58 GB.

Y vaya que dieron un margen de error en los cálculos agregándole más de lo que necesitaban (incluyendo el 3% de esa capacidad para cuestiones de ingeniería y telemetría). Después de todo, el canal de comunicación entre la NASA y el telescopio apenas es de 28 Mbps.

Lo interesante de estos canales de comunicación es que no son tan novedosos como el resto del telescopio, utilizando un protocolo para corregir errores tipo Reed-Solomon, una tecnología bastante popular durante la era dorada de los DVD, Blu-Ray  y que aún se utiliza en formatos más básicos como el código QR.

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Además, también cuenta con un segundo protocolo de prevención de pérdida de datos, donde se envía una señal de prueba de recepción, una vez que se ha asegurado que el otro lado puede recibir datos, es hasta entonces que Webb empieza a enviar los datos.

Actualmente, Webb tarda cuatro horas en enviar los datos a Tierra, liberando un aproximado de 28,6 GB de memoria, así que realmente no se requiere que el telescopio almacene información.

Eso sí, posiblemente tendrá que detener su exploración en caso de una descompostura, pues aunque pueda seguir operando no tiene mucho caso recopilar información que nadie podrá leer en ese día, así que no todo podría ser perfecto, pero sí lo mejor calculado posible.

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