Descubren que estudiar parado podría ayudar al aprendizaje en las escuelas

Una de las características principales de todo centro educativo, es que siempre está configurado para ser un espacio cerrado lleno de pupitres para que el alumnado centre toda su atención a lo que está ocurriendo frente a él, donde encontramos al profesor y el pizarrón u otros elementos didácticos.

Especialmente durante nuestros primeros años en la escuela, nos enseñan en orden y el respeto por los espacios de otras personas, haciéndonos alinear perfectamente las sillas cada vez que se desacomodaban, y muchas veces siendo asignados uno es específico para cada niño durante todo el año.

Sabemos bien que es justo y necesario que los niños logren mantener la compostura para poder aprender sobre lenguaje, ciencias y matemáticas, pero parece que las escuelas parecen haber olvidado la naturaleza inquieta del niño.

Si bien la vital etapa de aprendizaje por exploración y juego suele concentrarse en la guardería o el preescolar, los niños en edad primaria todavía les falta continuar con esta etapa, la cual difícilmente concuerdan con sus nuevas habilidades mentales que requieren de ponerse a leer un libro y resolver problemas hipotéticos.

Está más que claro que debería haber un equilibrio, pues también mantener al niño sentado tantas horas en el colegio puede llegar a ser bastante pesado, logrando apenas desfogar sus energías en el recreo o en clase de gimnasia.

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Desafortunadamente para la realidad  de la mayoría de escuelas, existe una sobrepoblación de estudiantes, logrando hacer meter incluso 50 alumnos en un solo salón de clases, una práctica que está considerada antipedagógica y que al final, los niños terminan siendo los afectados.

Esto, entre otras cuestiones administrativas, provoca que los profesores difícilmente puedan darse alas para crear clases más creativas, donde estar sentados por horas no sea la única manera de tomar las clases cuando está más que probado que explorar, practicar y moverse es una forma más adecuada de absorber los conocimientos y tener un aprendizaje más significativo a largo plazo.

Como siempre, caemos en un modelo donde una selecta minoría de niños puede encajar, y la mayoría tiene que esperar incontables horas para salir a jugar y liberarse de sus cadenas, porque solo hay una forma de aprender y es la más aburrida, pero ¿qué se le puede hacer?

Mientras se busca una solución factible, muchos expertos están poniendo sus investigaciones sobre la mesa, probando y cuestionando las formas de enseñanza actuales que aún están bastante allegadas a los métodos casi arcaicos de hace dos siglos que más bien sirven para formar y adiestrar, más que para liberar la mente.

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Pero nunca había tenido tanto impacto el permanecer tanto tiempo sentados como en la actualidad, la era digital donde los niños ya no salen de la escuela para verse con sus amigos de la calle a jugar a la calle o al parque, ahora los niños salen para jugar en el ordenador, la consola o el teléfono.

Que antes de entrar en debate y empezar a señalar que si las tecnologías afectan o lo es la forma desmedida en cómo las usamos, hay que apuntar que en los últimos 30 años que es donde empezó el boom tecnológico, los niños en España han tendido a la obesidad.

Según la Sociedad Española de Cardiología, casi el 54% de los españoles parecen de sobrepeso entre niños y adultos, además,  casi el 14% de la juventud llega  a la mayoría de edad ya padeciendo diabetes tipo 2, mientras que son más los casos de diabetes en niños por la falta de actividad y una mala alimentación.

Eso no es todo, se han presentado más casos de diagnósticos de los niños con hiperactividad o TDAH en los últimos años. Si bien es una condición a nivel neuronal y la falta de actividad no la provoca, la falta de actividad ha provocado que los niños puedan lidiar cada vez menos con su condición, donde el ejercicio es vital.

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Johnson lo explica en su libro “Learning on Your Feet: Incorporating Physical Activity Into the K-8 Classrom” (‎Aprender de pie: incorporando  la actividad física en el aula de K-8‎), que está basada en una exhaustiva investigación donde concluyó que estudiar sentados todo el tiempo puede mermar nuestras habilidades creativas e intelectuales durante nuestra etapa de formación.

Desde el momento en que nacemos, nuestra mente es bombardeada por todas direcciones con toda clase de estímulos y experiencias que nuestro cerebro analiza por primera vez, así que resulta impresionante pensar en nuestras capacidades mentales a tan temprana edad.

Se ha probado que incluso el simple hecho de empezar a gatear moldea la forma en que nuestro cerebro percibe el mundo, activando nuevas áreas de aprendizaje y de captación de estímulos del entorno, y lo mismo sucede con un bebé que está en brazos de su padre activando otras zonas cerebrales relacionadas con el afecto que lo acompañarán hasta la adultez y la vejez.

Aunque cada niño tiene un ritmo completamente único, con frecuencia a la edad de los 4 años sus procesos de aprendizaje vitales para poder sobrevivir en el mundo lo realizan jugando, explorando y moviéndose, desarrollándose miles de habilidades que nosotros los adultos ya damos por sentado y son imperceptiblemente automáticos para nosotros, pero para el niño no.

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Alrededor de los 6 o 7 años, listo o no, e ignorando su ritmo natural, son obligados de repente a cambiar su forma de aprendizaje, arrancándolos de su forma natural e instintiva en que el cerebro necesita aprender, para someterlo a un formato de aprendizaje para adultos.

Además, pudo ver indicios de lo que posiblemente sería el inicio de la aniquilación de la inteligencia del alumno, lo que resulta contradictorio e irónico viniendo de una institución educativa, por eso debemos caer nuevamente en la importancia de la individualidad de cada persona.

La individualidad no solamente habla de la personalidad, si es extrovertido o introvertido, si prefiere los deportes o leer un buen libro en la tranquilidad de una biblioteca, también está relacionada con sus propios procesos de aprendizaje, ya que cada ser humano tiene diferente configuración.

Si bien todos aprendemos a través de nuestros cinco sentidos, en todos existe una predominancia, el sentido más fuerte que puede ser la vista, el oído, o ambas, incluso una vez siendo adultos, nuestra forma de aprendizaje más significativa sigue siendo la experimentación, el salir y aprender empíricamente.

Razón por la cual las nuevas corrientes educativas están basadas en “las competencias”, es decir, la triangulación de las habilidades, conocimientos y actitudes (agregando también las cuestiones éticas, morales, empáticas, etc.), donde los conocimientos teóricos no es nada sin las habilidades de ejecutarlas, y a su vez estas no son nada si carece de valores, es todo o nada.

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Desgraciadamente, los sistemas educativos siguen aún bastante arraigados en darle prioridad a la teoría, en aportar la mayor cantidad de información en los niños en un entorno “propicio” para que la absorción pueda llevarse a cabo: encerrados en cuatro paredes sentados por horas fijando su atención a lo que sucede en un solo punto.

Al igual que un músculo que jamás es usado, el cerebro pierde su elasticidad y su capacidad de fortalecer las conexiones con otras neuronas, al grado incluso de morir toda la red neuronal que se encargaba de hacerla mover con gran habilidad.

Las reglas y el control opresivo hacia los niños es brutal, aunque seguramente la mayoría de nosotros no lo recordamos, tuvo que ser un momento estresante el jugar libremente explorando un campo de flores, para que de un día para el otro, terminemos regañados por no sentarnos correctamente o hablar en clase, preguntándonos seguramente “¿qué es una clase?, ¿por qué no puedo sentarme como me gusta?, ¿por qué no me dejan salir de esta habitación?” etc.

En el libro refleja los observado luego de implementar ejercicios de movimiento en esta aula de clases en momentos determinantes que ocurren en otra aula, como la hora en que los niños se vuelven más somnolientos, o cuando empiezan a retorcerse en su pupitre ante la incomodidad de estar horas sentados, e incluso la inactividad mental que sufren los niños de las filas de atrás.

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Los resultados fueron satisfactorios y notorios, hacer una actividad de movimiento tan simple como ponerse de pie un momento mientras escuchan al profesor, cambiarse aleatoriamente de sillas en medio de la clase, o tomarse 5 minutos para hacer ejercicios de estiramientos en sus lugares, hizo la gran diferencia.

Esto es debido a que el sistema vestibular que se encarga del equilibrio se activa cuando nuestro cuerpo cambia de posición, lo que a su vez activa otros procesos químicos y neuronales relacionados con el movimiento y concentración. Sin duda, conclusiones que las instituciones educativas deberían de echar un ojo.

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