Desconocemos el potencial de algunas flores porque siempre preferían estudiar las más bonitas

Estamos al borde de una crisis ambiental que ya ha empezado, y mientras el sector industrial y político está tratando de dar marcha atrás implementando políticas cero emisiones, los científicos están tratando de preservar especies.

Desafortunadamente, es imposible que podamos construir un arca enorme donde podamos contener todas las especies animales e incluso plantas para su conservación ante los inminentes cambios climáticos como lo haría Noé en las escrituras bíblicas.

Pero los científicos están tratando a toda costa de implementar proyectos de conservación de animales y plantas que están al borde de la extinción.

Si bien hemos sabido sobre acciones para conservar a animales como especies de tigres, rinocerontes, criaturas marinas, tortugas, entre otros, ¿quién vela realmente por las plantas que son un pilar fundamental de todo ecosistema?

Lo veamos o no, los botánicos están tratando de descifrar qué plantas son las más factibles para conservar al no tener la capacidad para salvarlas todas.

Desde luego, no se trata de salvarlas, reproducirlas y ya, sino que estas plantas deben tener el potencial para sobrevivir a las condiciones adversas del futuro, como mayor temperatura, menos lluvia, contaminación atmosférica, características reproductivas, resistencia a ciertos tipos de suelos, etc.

Es aquí donde se necesita saber hasta el último detalle de cada planta, revisando todos los trabajos de investigación existentes  desde hace ya varios siglos gracias por observadores como Darwin.

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De hecho, es algo que intentaron hacer varios investigadores de universidades de Italia y Australia, que para su sorpresa, se dieron cuenta la ausencia de mucho material que parecía estar relacionado con el favoritismo hacia ciertas especies más vistosas.

Se descubre que los científicos discriminan a las flores por su apariencia al momento de investigar

«La atención de científicos de plantas al investigar, está sesgada hacia las flores más coloridas, sobresalientes y más distribuidas», es el título de la investigación de estos investigadores, publicada en la revista científica Nature Plants.

Este artículo representa una llamada de atención a la comunidad científica para detener la discriminación de las plantas florales por su apariencia, y que pongan más esfuerzo a investigar flores menos vistosas pero que podrían esconder propiedades fantásticas.

Un claro ejemplo es la planta Cicuta, que al verla en la naturaleza no es más que una ramilla con hojas poco destacables con flores pequeñitas distribuidas en racimos.

Si la viéramos en terrenos baldíos, donde acostumbran a estar, sin duda podríamos detenernos a verlas un segundo, pero pasaríamos de largo debido a su pequeño tamaño y sus proporciones poco agradables a la vista.

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Pero gracias a la historia que le precede, es que la cicuta es bien conocida por ser una de las plantas más tóxicas para el ser humano, al ser Sócrates precisamente una de sus víctimas cuando le hicieron beber veneno de cicuta.

La Dieffenbachia no es la excepción, es una de las plantas ornamentales más utilizadas en los hogares, ya que posee hojas verdes intensas con manchas atigradas amarillas que le brinda vida a cualquier sala de estar o terraza.

Pero estamos también ante otra planta bastante tóxica, cuya sabia podría generar desde reacciones alérgicas, hasta una intoxicación más severa si se consume accidentalmente, algo que podría ocurrirle a un bebé o mascota.

Aunque no todo tiene que ser algo peligroso, de hecho, hay muchas flores que poseen propiedades medicinales bastante favorables, que ha ayudado a comunidades lejos de la civilización a aliviar sus males.

Tal es el caso de las conocidas flores de Bach, que son plantas poco vistosas, con florecillas pequeñas y casi sin forma, pero que han ayudado a tratar trastornos mentales como la depresión y la ansiedad, que a su vez previenen de enfermedades crónicas y que no presentan efectos secundarios.

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«Los intereses de investigación de los científicos suelen estar inclinados hacia especies sobresalientes», «demostramos que los rasgos morfológicos, color y rango de tamaño, tienen un impacto significativamente mayor al momento de elegir especies de plantas con flores silvestres, en vez de rasgos relacionados con la ecología o su rareza», es lo que menciona el resumen del artículo.

Las plantas florales no solo importan por su rareza y belleza, sino porque han sido fuente inagotable de alimento, medicina y materia prima en toda la historia de la humanidad, por lo que es imperativo conocer sobre todo lo que nos rodea, no solamente lo que destaca más.

La inclusión debe llegar también al sector científico para conocer todos los recursos botánicos que merecen preservarse

Si bien las flores han tenido un significado más poético y artístico en la vida de las personas comunes y corrientes, para la ciencia moderna, se han convertido en sujetos de estudio bastante intenso.

Uno de los mayores estudios radica en utilizar las flores como perfectos modelos  para descifrar algunas preguntas fundamentales nunca antes resueltas relacionadas con la evolución de las plantas.

Es por eso que no es momento de ponerse exigentes con la apariencia de las flores al momento de estudiar la biodiversidad que nos rodea, pero no siempre se trata de mero capricho de elegir las flores más bellas para investigar.

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Edward Wilson bien ha mencionado que para cada enigma científico, cada investigador elige el sistema de estudio para comprobar sus hipótesis, que está más relacionado por criterios funcionales, es decir, meramente elegir lo que le parezca más práctico y le funcione mejor.

Por ejemplo, en los estudios de la genética con guisantes, se utilizó una planta donde los resultados de experimentación eran más factibles, por cuestiones del tiempo de crecimiento de los frutos, el espacio de cada planta, facilidad de crecimiento, las especies disponibles en la localidad, y muchos otros factores más que no sería posible con otras plantas.

Sin lugar a dudas, hay muchas cosas que anotar antes de emprender una experimentación de laboratorio, donde las condiciones controladas sean propicias y los seres vivos de estudio sean capaces de adaptarse a este nuevo medio no natural.

Pero la preocupante la encontramos en los científicos de campo, es decir, aquellos que deben elegir, observar y estudiar las plantas en su hábitat, ya sea en medio de un bosque o en un jardín al borde de una alberca.

Es aquí donde los científicos de plantas seleccionan plantas silvestres bastante específicas que no necesariamente están relacionadas con las cuestiones que se desean resolver, y terminan impactando en los resultados.

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¿Cómo es que nadie se había quejado de esto antes? Simplemente no es una problemática que merezca mucho la atención, posiblemente porque la humanidad no había llegado a un punto donde había que mirar todas las opciones para un problema global como el cambio climático.

Es aquí cuando sale a relucir la disparidad científica, donde la atención se concentró en ciertas especies y ahora es todo un problema para las acciones para la conservación biológica, donde es vital garantizar la igualdad de condiciones al priorizar la conservación de alguna especie.

Esto es un gran revés si tomamos en cuenta que la conservación de las plantas no ha recibido la debida atención en primer lugar a comparación de la fauna, un fenómeno que hasta ya tiene un nombre «ceguera de las plantas» que significa la falta de conciencia de inclusión en las plantas.

Pero ante todo problema, siempre hay una solución, por eso, este grupo de investigadores han empezado a dar los primeros pasos para poder crear un sistema o disciplina que permita a los científicos del futuro saber cómo hacer una correcta selección de plantas de estudio.

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Hasta ahora, esta selección se basaba en las plantas con en las flores más llamativas que eran más fáciles de encontrar, o las más raras como las flores azules. Ahora, se pretende tener una idea clara y bien definida de qué rasgos y factores viables considerar para obtener mejores resultados.

Es así como pretenden revertir, por ejemplo, la tendencia de 280 estudios revisados que datan entre 1975 y 2020 que sólo contemplaban 113 especies de los Alpes, siendo que existen más de 30.000 especies.

En estos 280 artículos encontrados, descubrieron que  las plantas con flores azules eran las favoritas de los científicos para investigar debido a su rareza, además de algunos otros colores vistosos como rojo, blanco, rosa.

La carencia de datos de las especies de flores se centraba en el color marrón o verde, además de su tamaño medio o pequeño, tal vez por ser menos visibles a simple vista, a comparación de los numerosos estudios de plantas de tallo alto.

Estas observaciones podrían ser la evidencia perfecta para exigir más prioridades de investigación y mejorar las políticas de conservación actuales.

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