Crean microchips voladores más pequeños que un grano de arroz, inspirado en la naturaleza

La tecnología se ha encargado de volver realidad muchas fantasías que hasta ahora únicamente estaban reservadas para la ciencia ficción, y que con el paso del tiempo se han vuelto herramientas de nuestra vida cotidiana.

Antes llamar por teléfono a través de un monitor era algo sólo visto en caricaturas como The Jetsons (Los Supersónicos) y recibir correspondencia a través de un dron solo era visto a través de una pantalla desde la butaca de un cine hace unas décadas atrás.

Pero la tecnología ha avanzado tan rápido en tampoco tiempo que incluso hemos podido superar todas aquellas expectativas, trayéndonos ahora tecnología hasta para poder habitar la Luna o poder hacer que un robot tenga el sentido del tacto, equilibrio y sea capaz de aprender a través de experiencias.

Uno de esos inventos que no vimos venir es un pequeñísimo ordenador volador, que empezó siendo del tamaño de un grano de arroz, pero con procesos de fabricación más innovadores en nanotecnología, incluso son más pequeños que eso, y su función ayudaría a conocer más nuestro entorno.

Pequeño CPU volador imita aspectos evolutivos de animales para poder medir el aire

Un estudio publicado en la revista científica Nature titulado «Microfiltros electrónicos tridimensionales inspirados en semillas de dispersión por viendo», nos muestra un revolucionario microchip capaz de imitar la naturaleza para obtener datos en el medio ambiente.

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Como indica el título, estos han sido diseñados para volar, planear y flotar en el aire luego de ser impulsados por corrientes de vientos, además, tienen la capacidad de conectarse y comunicarse entre ellos para compartir  información con el equipo de científicos.

Con esto, el equipo de investigadores concluyó la mejor forma de propagar dispositivos de medición a través del aire, y descubrieron que la respuesta podría estar justo frente a sus narices, en la naturaleza.

Ya no es necesario volver a inventar el hilo negro cuando la naturaleza ya tiene millones de años desarrollando esta «tecnología» y perfeccionándola para hacerla la más efectiva posible.

Pero incluso inspirarse de la naturaleza es un trabajo arduo si tan solo pensarnos en la cantidad de especies de plantas que son capaces de esparcir sus semillas por el aire, que van desde semillas tipo paracaídas, planeadores, con hélices, helicoidales y más.

Luego de probar diferentes diseños, se dieron cuenta que el mejor eran las semillas de hélices porque son capaces de desplazarse y mantenerse más tiempo en el aire. Lo que no significa que sean los mejores tipos de semillas, más bien lo es para el propósito de este microchip en particular.

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Es así como estudiaron cada aspecto de la aerodinámica de este tipo de semillas para implementarla en una hélice de tres aspas capaz de rotar en el aire para desplazarse de un lado a otro.

Luego de probar su eficacia, pasaron al proceso de minimización, donde tuvieron que usar la nanotecnología para construir un microchip, una fuente de energía, implementar sensores y dispositivos de trasmisión de datos, todo en un circuito que podría medir desde un grano de arroz, hasta menos de un milímetro.

Sin embargo, todo tiene su límite aunque podrían intentar hacerlos más pequeños, pues la dinámica del aire ya no funcionaría de la misma forma. Por eso, trataron de conseguir el tamaño óptimo para que creara la resistencia necesaria y no termine estampado en el suelo como un grano de arena.

Fue así como construyeron miles de estos nano microchips voladores y los soltaron en enjambres para monitorear los índices de contaminación en el aire, encontrando patrones de cómo las emisiones de contaminación e incluso patógenos se propagan con el viento.

Eso sí, aún hay mucho por mejorar estas técnicas de monitorización, pues al no poder controlarse, estos microchips terminan perdiéndose en algún lado. Tomando en cuenta esto, estarán probando hacerlos de materiales biodegradables para no contaminar el suelo o el agua donde puedan caer al final del día.

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Esto apenas fue el primer prototipo para un solo tipo de sensor, pues ya están en vistas de desarrollar y probar otros diseños posiblemente de otros tipos de semillas que se adapten mejor a las diferentes funciones que tendrán los chips en su misión por conocer mejor la calidad del aire que respiramos.

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