Así eran los ‘test de embarazo’ de hace 3.500 años en las antiguas civilizaciones

Con toda la tecnología y avances en la medicina que tenemos en la actualidad donde se pueden hacer cosas que hace dos siglos era impensable como poder ver en tiempo real la actividad neuronal del cerebro o saber cuántos días de embarazo se tiene desde un dispositivo en la comodidad de la casa, se nos es imposible pensar cómo es que eran las cosas antes.

Hace cientos de años incluso la esperanza de vida no superaba los ochenta años en general debido a las enfermedades entonces mortales que ahora curamos con un par de pastillas, pero esto no significa que antes anduvieran a ciegas.

De hecho, es impresionante ver cómo los médicos de las antiguas civilizaciones tenían sus propios métodos y tecnologías arcaicas pero efectivas, como es el caso del test de embarazo que utilizaban la civilización pionera de la medicina: el antiguo Egipto.

Una técnica rudimentaria que daba resultados pese a cualquier juico de lógica actual

En la década de los 60, los arqueólogos encontraron en Egipto vestigios de textos que mencionaban una técnica infalible utilizada hace 3.500 años para saber si una mujer estaba en cinta o no, e incluso mencionaba que podían saber el sexo del bebé.

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El procedimiento consistía en regar semillas con la orina de la mujer, y si estas germinaban significaba que la mujer estaba esperando un hijo. Para conocer el sexo, se utilizaban semillas de trigo y cebada, si las primeras germinaban más rápido, entonces se trataba de una niña, mientras que la cebada respondía rápidamente a un varón.

Esta descripción se encontraba muy bien preservados en varios papiros que no tenían conexión alguna pero que los científicos de la Universidad de Copenhague se encargaron de recolectar e interpretar para dar con el proceso completo.

Y de hecho, la prueba de embarazo solo era una parte de lo que contenía este papiro, pues se trataba de un compendio de todos los conocimientos que tenían sobre nefrología, es decir, sus estudios sobre la existencia y el funcionamiento de los riñones.

La intérprete del papiro, Sofie Schiødt, mencionó para la revista Smithsonian Magazine, que este test Egipcio pudo haber viajado a través del tiempo y el espacio, pues se le encontró nuevamente en un texto más reciente de 1699 en Alemania y luego en 1960 en un informe en la Asia Menor.

Es entonces cuando se abrió una nueva duda, ¿es acaso este primitivo test algo que debemos de tomar en serio? ¿tendrá un fundamento científico o será un simple mito que ha viajado con el tiempo?

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Esta duda hizo que en 1963, investigadores del Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos, realizaran experimentos para corroborar o descartar esta técnica, donde se encargaron de utilizar semillas de trigo, cebada, y diferentes muestras de orina de mujeres no embarazadas, hombres y mujeres en cinta.

Las conclusiones fueron bastante interesantes, pues las semillas con las muestras de orina de las mujeres no embarazadas y hombres, estas no germinaron nunca, pero sí ocurrió con las de mujeres en cinta, obteniendo una efectividad del 70% de los casos.

Debido a que este estudio fue bastante aislado y nunca se volvió a retomar, es que solamente existen teorías de lo que pudo haber pasado, y es que son las hormonas femeninas, los estrógenos, los que posiblemente hayan activado el proceso de germinación.

Y esto puede estar relacionado con que muchas semillas son una fuente natural de estrógeno, donde además de la cebada y el trigo, también se encuentra en el arroz, maíz y alfalfa. Así que la teoría no va muy lejos al menos.

En cuanto a conocer el sexo del bebé observando la germinación de alguna de las semillas no fue nada concluyente o exacto así que se descartó de este pequeño experimento.

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Este hallazgo vuelve a ubicar al antiguo Egipto como la civilización antigua más importante en el ámbito de la medicina que incluso ha llegado a impactar en la forma en la que conocemos el cuerpo humano y sobre cómo tratar enfermedades de la época.

Eso sí, debido a que los avances de la medicina son relativamente muy recientes, hasta no hace poco la humanidad continuó desarrollando técnicas bastante rudimentarias que todavía se practican principalmente en comunidades étnicas.

Tal es el caso de la técnica de sapos, quienes suelen inyectar orina de mujeres en especímenes machos de machos de sapos argentinos (Rhinella aeranurm), quienes tendían a reaccionar madurando y expulsando espermatozoides cuando la orina correspondía a una mujer embarazada.

Los resultados de esta técnica solo demoraba un par de horas luego de examinar la orina del sapo en un microscopio, sin duda un método bastante extraño y repulsivo pero con resultados que pueden competir con la medicina moderna.

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