Las ciencias de la computación y los algoritmos del siglo XXI, no dejarán de sorprendernos. La era informática en la que vivimos actualmente, se está divirtiendo de una manera tremenda con la forma en que se puede matematizar y deducir comportamientos a través de los lenguajes de desarrollo.
Esto ha conllevado a que las Inteligencias Artificiales sean más potentes y originales. Cuando se proyecta toda esta optimización, de la mano a nuevas tecnologías, en la industria automotriz se obtiene un resultado bastante fascinante. Hoy en día, los coches son cada vez más tecnológicos, con soluciones que alegran la vida y al mismo tiempo la protegen.
Bien has de saber que hoy en día existen coches que se apagan de inmediato ante el reconocimiento de proximidad ante otro coche. Eso evita que los conductores colisionen entre sí. Otras optimizaciones también se hacen cargo de regular la velocidad, entre otras medidas de seguridad. Todo esto, con el fin de permitir que la experiencia de conducir un auto sea cada vez más inteligente y fiable.
Un algoritmo desarrollado por el MIT
A propósito de toda esta innovación tecnológica que existe en el sector automotriz, hay que apuntar el reciente logró que estableció el MIT en el Laboratorio de Ciencias de la Computación e Inteligencia Artificial. Este laboratorio se hizo cargo de producir un algoritmo que traduce cuál es el tipo de personalidad que tienen los conductores, partiendo de su estilo de conducción.
Lo que hizo el laboratorio fue aprovechar la mayoría de sensores y tecnologías presentes en los coches de última generación, para luego crear un algoritmo donde cada sensor establece un puntaje. De acuerdo al modo en que conduces, ya sea una velocidad estable, frenado constante o inseguridad a la hora de moverte en las calles de una ciudad, el algoritmo planifica sobre cuál es tu personalidad.
Se trata de un sistema de clasificación que apunta a establecer un referente de psicología social a partir de la experiencia de manejar un coche. En esencia, el algoritmo tiene una función principal: lograr escrutar que tan egoísta puede ser un conductor a la hora de movilizarse por la ciudad. De esa manera se busca que el algoritmo sirva de referencia sobre cómo un conductor es responsable con su sociedad.
Se proyectó lo encuestado en coches autónomos
Para lograr que el experimento fuese del todo acertado, se realizó la prueba con un número determinado de personas. En un primer lugar se realizó un análisis de cada persona, basándose en herramientas de psicología social. Así, se estableció una idea clara de cuál era el tipo de persona que se enfrentaría al reto.
Después, de esto se establecieron ciertas trayectorias de conducción para cada persona. Lo que ocurrió fue que se reflejó estos datos percibidos a través de coches autónomos y luego se probó el algoritmo en otros automóviles. Así se generó una idea de porque en ocasiones los conductores obedecían las advertencias de los coches autónomos y porque en otras no.
Lo que hay de fondo aquí no es que los participantes de las pruebas hayan conducido coches autónomos, sino que a través del perfil establecido, con las pruebas de psicología social, el algoritmo de los coches autónomos reflejó un comportamiento.
En perspectiva, sería más inteligente hacer lo contrario: que las personas encuestadas condujeran vehículos de alto nivel antes de analizar sus comportamientos. Sin embargo, el equipo de investigación del MIT le apostó a un método inverso. Así, el conocimiento adquirido podría ser utilizado de manera más acertada en los coches autónomos.
La era del coche autónomo
Para el MIT, a pesar de que muchas pruebas poseen un alto margen de certeza, los resultados no son del todo robustos como para aprovechar esta psicología social y optimizarla en los coches autónomos. Hay que tener presente en ese sentido que los coches autónomos están marcando el inicio de una nueva era en lo referente a medios de transporte.
En palabras de Wilko Schwarting, quien es uno de los líderes de este estudio, opina que al trabajar con humanos y coches autónomos, se puede visualizar como las personas tienden a ser más intuitivas, partiendo de sus intenciones para mejorar su modo de conducción y aportar al flujo del tráfico en las ciudades.
El éxito de los coches autónomos siempre recae en que son una alternativa que les permite a las personas desplazarse sin preocuparse por conducir. Son una tecnología que pretende flexibilizar la responsabilidad del conductor, quien en realidad pasaría al grado de ser un asistente o copiloto de la actividad inteligente que realiza el vehículo. El estudio también demuestra el nivel de responsabilidad que representa cada conductor y cómo confiaría en el nivel de sofisticación que ofrece el coche autónomo. Todavía queda mucho por descubrir y optimizar para que estos vehículos sean del todo seguros, aparte de que las personas se concienticen en los alcances que tienen estos medios de transporte.

